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En las lecturas, El Hermitaño suele sugerir la necesidad de tiempo - un período de reflexión en el cuál las distracciones sean limitadas. En tiempos de acción y alta energía él representa el centro de calma que debe ser creado para el balance. Él puede también indicar que en algún momento es necesario o aconsejable retirarse. Además, el Hermitaño puede representar búsquedas de todo tipo, especialmente para un entendimiento más profundo de la verdad de una situación.

"Busca", y "encontrarás", se nos ha dicho, y entonces el hermitaño será nuestra guía. Podemos recibir ayuda de maestros sabios, y a cambio, ayudar a otros a medida que nosotros progresamos.

El Arcano IX, el Ermitaño, es una de las Claves más alegóricas del Tarot. En algunos Tarots Medievales, como el Marsellés, se le llama Diógenes, por la similitud con la búsqueda de un Hombre que con una linterna emprendió aquel sabio.

El Ermitaño no mira hacia la derecha, como la mayoría de los Arcanos, sino a la izquierda y hacia abajo, ya coronó la Cima del Saber e ilumina con su Linterna (en la que vemos la Estrella de David, el Hexágono o los Dos Triángulos contrapuestos, Lo Material y lo Espiritual, la Escuadra y el Compás Masónicos), el camino a los que vienen detrás escalando la Montaña, a los Iniciados, que venciendo obstáculos, han emprendido el duro ascenso hacia la Cima del Conocimiento. Es la Figura del Maestro Masón, aquel verdadero Maestro que enseña a los Aprendices. Es un Solitario, a su alrededor sólo hay oscuridad y sombras allá abajo, pero con su luz las disipa. Domina su Voluntad y hace efectiva la del Creador. Su letra es YOD, la Mano del Hombre. Ha logrado el conocimiento de su Yo Central, es la figura del Maestro Interior. Su luenga barba nos da idea de su Experiencia. El Ermitaño, aunque vive apartado de la sociedad, da refugio, cobijo, alimento y consejos al Viajero. Karl Jung, nuestro hermano masón, gran psicoanalista, cuya obra sobre el Tarot debería ser de obligado estudio para todo Masón, nos da muchos ejemplos de sueños con figuras como el Ermitaño, indicio de nuestro Maestro Interior.

Su ropaje gris representa la neutralización de los Opuestos. Su báculo corresponde a la Voluntad y al Mundo Arquetípico. Su número, el Nueve, significa la consumación de la Maestría, ya puede mirar hacia abajo, hacia el camino recorrido. El Ermitaño nos enseña que para alcanzar la Sabiduría debemos retirarnos de lo Profano, al menos durante unos minutos al día. Es la Meditación, es el Estudio y para ello es necesaria la Soledad .Aquella Soledad que en su Silencio, debe aprender a amar el Aprendiz Masón.

 

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